Hospedarte en Pátzcuaro es hospedarte dentro de un pedazo vivo de la historia de México. Mucho antes de que llegaran los españoles, este era el corazón del mundo purépecha: un pueblo que resistió incluso el dominio azteca y que, cinco siglos después, sigue guardando de cerca su lengua, su vestido y sus tradiciones. En el siglo XVI, el obispo Vasco de Quiroga hizo de la villa la capital de Michoacán e hizo algo notable: en lugar de borrar la cultura local, animó a cada pueblo alrededor del lago a desarrollar su propio oficio. Esa visión perdura hasta hoy. Pátzcuaro sigue siendo uno de los grandes centros de artesanía de México… cobre de Santa Clara del Cobre, alfarería, máscaras, talla en madera y textiles finos, y cada pueblo alrededor del lago de Pátzcuaro sigue reconocido por el oficio que ha practicado por generaciones. Es un Pueblo Mágico que nunca ha dejado de sentirse como tal. Y el pueblo lleva su herencia sin fingir. Calles empedradas y construcciones de adobe con teja roja, un clima de montaña que se mantiene templado y suave todo el año, y una mesa llena de cocina tradicional michoacana esperándote al final del día. Los pueblos del lago se recorren con calma, los mercados de artesanía son auténticos y no un espectáculo para turistas, y en invierno los famosos santuarios de la mariposa monarca quedan al alcance. Pátzcuaro ha conservado con firmeza su propia imagen y su propio sentir, y por eso justamente la gente se enamora de él. Casa Encantada simplemente te da un lugar cálido y con carácter al cual volver al final de cada día que pases en él.